jueves, 24 de febrero de 2011

LA VENIDA DEL INSTRUCTOR DEL MUNDO

LA VENIDA DEL INSTRUCTOR DEL MUNDO

CAPÍTULO II

SIGNIFICADO DEL CONTACTO GRUPAL

Primera Parte

Págs. 20 - 22

Cuando los grandes místicos del pasado oían el nombre de Cristo en la lengua que tenía que pronunciarse, sentían una gran conmoción; es como el discípulo que se siente interpelado con el nombre ashrámico que solamente él conoce y sólo lo conoce cuando lo pronuncia el Maestro. Hablamos ya de lo que estamos haciendo ahora para el porvenir. Y, de acuerdo con esta verdad esotérica, con esta realidad oculta, en ciertas escuelas esotéricas al miembro que es admitido en ellas le cambian el nombre; porque el nombre de pila que todos poseemos es arbitrario, no obedece al ritmo vibratorio interno, sino que es un hecho impuesto por las circunstancias kármicas. El día que la persona
conozca su propio nombre interno, se convertirá en un mago.

Pues bien, debemos trabajar todos como trabaja la cuarta Jerarquía creadora, debemos crear una humanidad siendo nosotros el centro de la misma como si fuésemos el Logos Planetario. Significa ello que debemos adquirir una dosis muy profunda de responsabilidad, porque si tenemos una conciencia de discípulo, automáticamente tendremos muchas crisis. Y voy a preveniros contra esas crisis para que no tengáis la falsa idea de que estáis retrocediendo en el Sendero. Cuando en los miembros de los Ashramas –y en todas aquellas personas que sin estar afiliadas a un Ashrama están, sin embargo, en contacto con ciertos miembros afiliados conscientemente a un Ashrama–, se realizan transformaciones positivas de orden etérico, de orden emocional o de orden mental, lógicamente se producirán crisis y el impacto de la fuerza del Ashrama sobre cada uno de nosotros, aspirantes espirituales o discípulos, nos obligará a realizar grandes reajustes. Estoy seguro de que todos y cada uno de nosotros hemos tenido problemas de reajuste desde el momento mismo que entramos en el Sendero Espiritual. Quizá muchos de nosotros estemos hollando este Sendero desde hace siglos, ¿quién sabe esto?. Hay un muro que separa los hechos del tiempo y no es nuestro propósito indagar lo que hemos sido en el pasado, como hacen los inexpertos aspirantes espirituales, sino simplemente aceptar un hecho que es real y es que estamos sujetos a grandes crisis de reajuste. Muchos hemos tenido que enfrentar reajustes de enfermedades físicas, de las cuales no sabemos la procedencia aunque estén registradas en el átomo permanente. Pero, al incidir esta fuerza sobre nuestra vida personal, ha actuado como un efecto acelerador del proceso kármico. Y naturalmente, quién de nosotros no ha acusado problemas de tipo físico, conmociones difíciles de soportar en ciertos momentos... Se trata del trabajo que se opera en el discípulo en ciertos estadios, precisamente cuando se está desarrollando dentro del cerebro una línea de fuego que une la glándula pituitaria, o cuerpo pituitario, con la glándula pineal; cuando el dolor se agudiza tan profundamente que a veces causa la sensación de que se llega a la locura y sin embargo, viene proyectado por una fuerza que es benigna: la fuerza amorosa del Señor del Mundo. El discípulo quiere acelerar el proceso, como hizo el Logos Planetario cuando decidió encarnar físicamente. Muchos de nosotros, quizá, tuvieron conmociones de tipo emocional; se sintieron arrastrados por el fuego del deseo porque naturalmente, tratar de penetrar en el Sendero Espiritual es aceptar el hecho de la prueba. Incluso en las sociedades esotéricas de tipo externo hay que afrontar ciertas pruebas y una a la que debe someterse el discípulo juramentado es la prueba de los elementos: la prueba de la tierra, del agua, del fuego y del aire, tal como se hace en la moderna masonería, en las sociedades esotéricas, en la verdadera orden rosacruz, etc., relacionadas con el proceso iniciático interno. Las pruebas son externas, pero obedecen a razones internas.

Esto es lo que está sucediendo en el ánimo del discípulo, el proceso que ha de seguir para llegar a este punto iniciático es el de que una vez fuera del cuerpo, ya sea consciente o inconscientemente, ha de pasar por esas cuatro pruebas de los elementos. Si las supera, es que está preparado para la primera Iniciación Jerárquica, y empieza a formar parte del porvenir al que nos dirigimos. No olvidemos al respecto que el cuerpo físico significa la prueba de la tierra y que todos hemos pasado por crisis de enfermedad, por la falta de adaptación física a las circunstancias kármicas. Esto ha producido alteraciones en el sistema nervioso o en el sistema sanguíneo, trayendo consiguientemente grandes dificultades pero dando paso, una vez superadas, a un período de emergencia espiritual –o de iluminación espiritual–, como consecuencia del
esfuerzo de adaptación a la crisis, pudiéndose considerar todo ello como una pequeña iniciación.

La prueba del agua se verifica en el campo emocional y hay pequeñas pruebas dentro del Ashrama. Por ejemplo, cuando el discípulo debe sumergirse a grandes profundidades en el océano, en cuerpo astral, sin que pase por su mente la idea de que se está ahogando y que tenga conciencia de que se halla en su cuerpo que no es físico. Desde el momento en que el discípulo cree que su cuerpo es físico, retorna violentamente al cuerpo físico con una terrible sensación de ahogo.

Cuando enfrenta la gran crisis del fuego –cuando el discípulo empieza a trabajar y a manipular energía mental–, deberá atravesar el fuego sin quemarse; y si la conciencia no es mental, sino todavía física, se quema y surgen en su cuerpo más denso los estigmas del fuego que no ha sabido resistir. Y hasta que no tenga plena conciencia astral y plena conciencia mental, se ahogará o se quemará a través del cuerpo etérico. Una de las pruebas de la tierra –que está ligada con los devas del aire–, es cuando debe atravesar una pared u otro cualquier obstáculo en cuerpo astral y tiene todavía conciencia tridimensional. Naturalmente, si esto no fuese cómico en cierta manera, resultaría desastroso, porque el Maestro le dice al discípulo: "atraviesa la pared", y si a éste no le acompaña una perfecta conciencia astral, recibe violentas sacudidas físicas a través del cuerpo etérico, a veces profundamente dolorosas. Pero, es una etapa por la que hay que pasar, ya que forma parte del entrenamiento iniciático.
Cuando en las sociedades secretas de tipo externo se habla de las pruebas del fuego, del aire, de la tierra y del agua, sepamos que obedecen a causas que son reales en el mundo iniciático y que, por lo tanto, están a nuestro alcance. No hay que caer, sin embargo, en el error, como hacen ciertos yoguis, de mantener una postura física durante años hasta que los nervios y los músculos quedan petrificados. Desde el punto de vista de lo aparente, la voluntad del yogui es extraordinaria, la voluntad de estar toda la vida con un brazo en alto hasta que la sangre deja de afluir y se reseca el brazo; o de sentarse cerca de un hormiguero donde le pican las hormigas y resiste imperturbable. Desde el punto de vista de la voluntad personal es un éxito; desde el ángulo de vista espiritual, es una estupidez. Es como aquella persona que está toda su vida tratando de mover con la mente un objeto físico, ¡con lo fácil que resulta moverlo con la mano!, o la persona que tras dolorosos ejercicios aprende a levitar, para atravesar un río, por ejemplo, ¡con lo fácil que es pasar el río con una barca! Sin embargo, los poderes psíquicos, relacionados con el poder de los elementos y con el mundo dévico, están muy directamente implicados con la evolución del discípulo, con el control que ha de tener sobre los elementales que constituyen su cuerpo físico, su cuerpo emocional y su cuerpo mental y sobre la multitud de vidas dévicas que están trabajando dentro de nuestros cuerpos y están exigiendo nuestra atención, como nosotros exigimos espiritualmente la del Logos Planetario. Como veréis, estas cosas son muy objetivas y pueden ser fácilmente comprendidas. Si surgiéseis triunfante de la prueba del fuego, del aire, del agua y de la tierra, aparecerían pruebas más sutiles; y si alcanzáseis, por haber vencido aquellas pruebas, una sensibilidad psíquica mayor, sufriréis más que los demás seres humanos, ya que, tal como decía Krishnamurti en "A los pies del Maestro":

"Llega un momento tal de sensibilidad, que el caer de una aguja al suelo da la sensación de un cañonazo". Fijaos bien lo que es la sensibilidad en ciertas etapas del discipulado. Pero, tal como dice el Maestro Tibetano, "la sensibilidad es una prueba de evolución espiritual, pero al propio tiempo es una prueba kármica". El discípulo ha abierto las puertas de la iluminación y han penetrado en su esquema corporal, en su esquema emocional y en su esquema mental, una serie de vidas luminosas que le han dotado de tres agudísimos tipos de sensibilidad al deseo en sí, no al deseo inferior que todos conocemos sino a la verdadera aspiración espiritual; y una sensibilidad mental al reino de lo desconocido que se describe espiritualmente como "la nube de cosas cognoscibles".

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